La vida en Bordeaux

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Día 12


Jamais, jamais

Ayer me llamaron para salir un rato a una fiesta. Estuvo bien: tomamos algo en un piso y después jugamos al “jamais, jamais” -mai mai o yo nunca nunca-. Nos lo pasamos bien.

Aprendí mucho vocabulario coloquial, la verdad. Voy progresando a la hora de hablar :).

¡Ah, por cierto! Aunque pensé que me iban a poner en el grupo 1, los resultados del examen de francés me sitúan en el segundo.

Y bueno…tengo bastante sueño, así que seré escueta hoy. Mañana os lo compenso :P.

P.D Hoy os dejo foto de la calle de las compras, Sainte Catherine, de la que ya os he hablado en algún post anterior.

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Día 0


Bordeaux

Ya he llegado a Burdeaux después de una emotiva despedida.
Estoy exhausta ya que en 4 días, he dormido 8 horas. Sin embargo, el cansancio no me ha impedido ver cómo mi avión atravesaba unas espesas nubes blancas y se adentraba en la niebla de Bordeaux, donde se distinguían casitas, muchas de ellas con grandes piscinas aún llenas de agua.
Para salir del aeropuerto e ir en dirección Bordeaux, he seguido a la gente hasta que de repente se han parado. Enseguida ha llegado un bus en dirección Bordeaux con última parada ” Quinconces-Munich”.
Si hay una palabra que encaje perfectamente conmigo, es caos (aunque luche contra él). Y como soy un desastre, he perdido por el camino la dirección de mi hotel. así que he cogido el bus (1.40e) y me he bajado en la última parada.
Y de nuevo, casas y más casas, ahora adosadas y con un caminito de césped verde a modo de calle, que las iba separando de vez en cuando.
Ya al acabar el trayecto, se empezaba a configurar ante mí una ciudad con edificios medianos. No sé decir cuánto rato he estado en el autobús. Puede que 45min.
Una vez he conseguido la dirección llamando a casa, he preguntado por ella. Nadie la conocía. Me decían “Je suis desolé“. Me apasiona esa expresión tan sentida desde la primera vez que la oí. Aunque quiere decir “lo siento” parece que digan que están desolados. Me encanta esa palabra. Desolado, desolación.
Finamente me han indicado una parada de tranvía. He hecho transbordo.
Me he llegado a desesperar mucho una vez me he bajado puesto que me dirigía al número 36, y sólo existía el 37. Si me iba a la acera de enfrente donde los números eran pares, empezaba otra calle. He estado una hora y media para encontrar el hotel, con un agotamiento físico y moral notorio, y con dos maletas y una mochila que jorobaban y chapaban cada vez mas mi cuerpo, así que en cuanto al fin he entrado por la puerta de mi habitación (mañana os contaré cómo es) me he comido dos patatas asadas que traía con jamón, y me he ido a dormir.
Y aquí estoy ahora, apunto de darme una ducha, buscar cómo ir a la uni mañana, para después ver una peli y dormir.

Mañana el aire callejero de Bordeaux volverá a golpear mi rostro con aire frío de montaña. Ahora lo hacen los coches, a mis oídos.
¿Acabará cautivándome por dentro esta ciudad tan fría, a mí que soy tan cálida?

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