La vida en Bordeaux

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Día 75


Sol

Después del frío febrero que nos ha dejado récords históricos, hoy parece que en Bordeaux llegaremos a los 24/26 grados. Y de nuevo posible récord, ya que el 27 de marzo más caluroso fue en 1998, con 24.

¿Cómo lo sé? Casi cada día miro http://www.meteo-bordeaux.com/. Está muy bien esta web, os la recomiendo, no falla.

Así que hoy aprovecharé la calor: iré a visitar los jardines botánicos, que dicen que son bonitos. ¿Lo serán?

[P.D: Habían tres días vacíos de la semana pasada. Los he actualizado, os dejo el link para que no tengáis que buscar: https://lavidaenbordeaux.wordpress.com/2012/03/24/dias-68-69-y-70/ ]

Día 22


Ça va!

El tiempo

Al final los transportes han funcionado, pero con retrasos. Todavía hay mucha nieve, aunque menos que ayer. Hay trocitos de pavimiento que están congelados y tienes que tener cuidado de no resvalar.
Esta de ola de frío que está afectando a toda Europa es excepcional. Y también lo es para Bordeaux: suele haber una temperatura media mínima de 3 grados, y una temperatura máxima media de 11 grados, siendo por tanto la temperatura media global del mes de febrero de 7 grados centígrados (http://www.zonaclima.com/climate/france/celsius/bordeaux.htm).
Se esperan unos días muy muy fríos, os dejo las previsiones para mañana y pasado (http://www.meteo-bordeaux.com/:

Me preocupa esta ola de frío: están muriendo muchas personas en Europa…
Aquí yo estoy bien, tengo abrigo, calefacción y comida. Y la vida sigue, y todo el mundo continúa con sus quehaceres. Y yo también lo hago: mañana de nuevo tengo que ir a la universidad.
Por cierto, el nivel del curso de francés va mejorando, quizás no pida que me adelanten de nivel (como había pensado el primer día porque me pareció muy fácil) ya que hoy he aprendido cosas ¡menos mal! Espero que el nivel siga subiendo.
Mañana os hablaré un poco del tema trabajo y como están aquí las cosas. Ya os adelanto que mucho mejor que allí.
¡Abrazos!

Día 14


Place de la Bource y río Garonne

Me he levantado a las 10. He abierto la ventana y he visto el sol. Aquí es extraño verlo. Así que cuando lo ves, lo buscas, intentas que sus rayos te toquen.

A los diez minutos se ha escondido y ha dejado un frío terrible, seco, punzante. Y un vacío en la alegría con la que me había levantado.

He ido a comer con los dos eramus. Después me han llevado a ver La place de la Bource. En tan sólo un instante esos edificios de tejados lóbregos me han transladado a un gélido y majestuoso inverno del siglo XVIII.

Tengo que volver un día al anochecer. Dicen que con las luces y la luna los edificios te eclipsan.

El río Garonna está justo enfrente. Es caudaloso y amplio. Las aguas son de color pardo, llenas de légamo. Cerca de la orilla hemos vistos dos castores. Uno nadaba impasible al viento y al agua helada. El otro estaba quieto en la orilla, rodeado de gaviotas que comían pan que alguien les había dejado.

El viento helado nos ha hecho volver a “casa” temprano. Es lo que menos me gusta de Bordeaux: el frío te enclaustra y atrapa, te atraviesa y se te queda en el cuerpo como se quedan los gusanos en los cadáveres.

Sin embargo, quizá aquí estoy aprendiendo a querer al frío, pues forma parte de la esencia de la ciudad. Además te hace aprovechar el tiempo, te hace moverte y sobre todo, te hace apreciar los rayos del sol, buscándolos cuando puedes, para que te toquen.

Día 0


Bordeaux

Ya he llegado a Burdeaux después de una emotiva despedida.
Estoy exhausta ya que en 4 días, he dormido 8 horas. Sin embargo, el cansancio no me ha impedido ver cómo mi avión atravesaba unas espesas nubes blancas y se adentraba en la niebla de Bordeaux, donde se distinguían casitas, muchas de ellas con grandes piscinas aún llenas de agua.
Para salir del aeropuerto e ir en dirección Bordeaux, he seguido a la gente hasta que de repente se han parado. Enseguida ha llegado un bus en dirección Bordeaux con última parada ” Quinconces-Munich”.
Si hay una palabra que encaje perfectamente conmigo, es caos (aunque luche contra él). Y como soy un desastre, he perdido por el camino la dirección de mi hotel. así que he cogido el bus (1.40e) y me he bajado en la última parada.
Y de nuevo, casas y más casas, ahora adosadas y con un caminito de césped verde a modo de calle, que las iba separando de vez en cuando.
Ya al acabar el trayecto, se empezaba a configurar ante mí una ciudad con edificios medianos. No sé decir cuánto rato he estado en el autobús. Puede que 45min.
Una vez he conseguido la dirección llamando a casa, he preguntado por ella. Nadie la conocía. Me decían “Je suis desolé“. Me apasiona esa expresión tan sentida desde la primera vez que la oí. Aunque quiere decir “lo siento” parece que digan que están desolados. Me encanta esa palabra. Desolado, desolación.
Finamente me han indicado una parada de tranvía. He hecho transbordo.
Me he llegado a desesperar mucho una vez me he bajado puesto que me dirigía al número 36, y sólo existía el 37. Si me iba a la acera de enfrente donde los números eran pares, empezaba otra calle. He estado una hora y media para encontrar el hotel, con un agotamiento físico y moral notorio, y con dos maletas y una mochila que jorobaban y chapaban cada vez mas mi cuerpo, así que en cuanto al fin he entrado por la puerta de mi habitación (mañana os contaré cómo es) me he comido dos patatas asadas que traía con jamón, y me he ido a dormir.
Y aquí estoy ahora, apunto de darme una ducha, buscar cómo ir a la uni mañana, para después ver una peli y dormir.

Mañana el aire callejero de Bordeaux volverá a golpear mi rostro con aire frío de montaña. Ahora lo hacen los coches, a mis oídos.
¿Acabará cautivándome por dentro esta ciudad tan fría, a mí que soy tan cálida?

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