La vida en Bordeaux

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Día 137, último día


Balance y despedida

Me ha costado mucho escribir sobre el final de mi experiencia en Bordeaux. Y es que éste blog me ha acompañado en las alegrías y las tristezas, en la añoranza y el descubrimiento…
Todo esto empezó tan rápido… Siempre quise hacer un erasmus, y un día eché una solicitud y en unos dos meses estaba en Bordeaux. No suelo hablar mucho de lo personal, pero ya que habéis compartido tanto conmigo, os contaré que justo antes de emprender esta experiencia había finalizado una etapa para mí. Este “fin”, que como todos los finales emanan tristeza, me trajo cosas buenas también. Y una de ellas fue cumplir el sueño de vivir esta experiencia. Bordeaux me llenó de ilusión a nivel personal, profesional, social. Me encendió, que no incendió.
De repente todo era nuevo, todo era aprender, gozar, maravillarse, perderse queriendo, observar y sobre todo, creer en mí. En mí y en la voluntad de las personas. Todo era grande en Bordeaux. Y lo sigue siendo en Barcelona, porque me llevo, como dije que haría, gran parte de la esencia de la ciudad del vino, de Francia; pero también de otras culturas con las que he interactuado.
Una de las cosas más bonitas de hacer un erasmus es precisamente ver cómo diversas personas con diferentes circunstancias, procedencias, diferentes aptitudes, hobbies, estudios y hasta inquietudes contrarias, llegan a tu vida por una ciudad. Jamás habría pensado que pudiera ver el mundo desde diferentes ojos que intentan hacer lo mismo que tú: sobrevivir a un lugar desconocido.

Volvería a repetir sin duda. ¿Cambiaría algo? Probablemente me iría más tiempo, y sobre todo viviría en un piso compartido. Y es que la soledad de un cuarto pesa. Y de eso saben todas las personas que viven lejos de su sitio y de los suyos.
Es difícil de explicar…pero aquí, en casa, quizás hace meses que no ves a alguien que te importa, y le echas de menos pero sigues con tu vida. Cuando te vas fuera todo se magnifica: el extrañar a los tuyos, tu casa; pero también vives con una intensidad desmedida todos los hechos que acontecen y acaecen porque sabes que es finito. Y vas sintiendo una mezcla de, a veces querer volver; a veces querer quedarte; y si te visita alguien que quieres, como en mi caso, a veces deseas que el tiempo se pare.
No es que un erasmus desmonte el esquema de quién eres (al fin y al cabo tu naturaleza sigue ahí, con su pathos y su ethos), sino que te abre los sentidos, los intensifica y eso te hace sentir más viva que nunca.
Bordeaux es una ciudad pequeña, pero tiene una manera de atraparte como pocas otras a medio plazo. Te va envolviendo entre sus embelesos poquito a poco, y casi sin que te des cuenta, acabas enamorándote de la ciudad. De esas fachadas majestuosas sucias o de ese gótico francés que hace rebosar de calor hasta el alma más fría de la Tierra. Y el murmullo de la gente…o el ruido que hacen en una fiesta y escuchas desde la calle. El sonido del tram. Las noches en Victorie donde todo el mundo parece que está un poco loco, pero con locuras distintas. Extraño la calma que puedes conseguir en unos minutos, y el movimiento exagerado que encuentras si lo buscas. Y el verde. El verde y las flores. Nunca he visto ningún país que cuide tanto sus jardines.
Y se acabó el eramus. Y ahora es como… un paréntesis en mi vida, como si no hubiera pasado, como si fuera un sueño, como si estuviera tan, tan lejos esa experiencia…Sin embargo, de repente me levanto un día y parece que fue ayer; que ayer estaba levantándome en mi colchón (incómodo y de muelles) lista para vivir la aventura del conocer un poquito más Bordeaux.
En fin…
Muchas gracias a todos por haberme apoyado y aquellos y aquellas que han difundido o leído mi blog. A a ti, que lo estás haciendo ahora. Y a toda esa gente que he conocido (y a los desconocidos que me ayudaron sobre todo en mi llegada, altruistamente) y que se han quedado tatuados en mi corazón (¡omg, qué cursi!).
¿Qué será de mí? Ahora… estoy reanudando la etapa que empecé antes de irme; pero de una manera diferente. Y es que hacer un erasmus te transforma, te enriquece.

No sé qué pasará a partir de ahora.
Sólo sé que algún día volveré a tocar de cerca la esencia de Bordeaux.

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Dune du Pyla

Edit: podéis encontrarme en mi nuevo blog: Acuere .  

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